La leyenda del power point y el millón de euros


Artículo (versión extendida) publicado en el suplemento “Empresas y Emprendedores” de La Vanguardia (29.10.2013). Marc Jordana.

Cuenta la historia que Picasso pagó un almuerzo con un dibujo en una servilleta y que Messi firmó su primer contrato en el mismo soporte. Dentro de poco, también escucharemos que un joven emprendedor esbozó un plan de negocio en una servilleta y que convenció a un inversor para que desembolsara un millón de euros. Y Estrella Damm rodará un anuncio sobre ello.

napkin

En esta segunda época dorada que está viviendo el sector digital, a menudo se escucha que hoy en día uno puede conseguir financiación con un simple power point, como si a los inversores o fondos de capital riesgo les quemara el dinero en los bolsillos. La deformación de algunas historias, y la extrapolación de alguna excepción, han generado ese falso mito de que cualquiera con una idea de negocio puede levantar grandes cantidades de dinero solo con exponerla.

“Amigo, voy a revolucionar el sector, tengo el the next big thing, el próximo Facebook. ¿Sabes qué? Voy a emprender, pero ojo, sin jugarme un duro y manteniendo la práctica totalidad del accionariado, que mi idea vale mucho”.

De entrada, una idea no vale absolutamente nada mientras no se ponga en práctica. Para llegar al éxito, una buena idea es condición necesaria, pero no suficiente. La ejecución es clave. Ideas bonitas tenemos todos.

En segundo lugar, nadie quiere jugarse su dinero con alguien que no demuestre implicación y sacrificio: es necesario tener la certeza de que uno se va a dejar la piel por el proyecto que intenta arrancar. Un inversor quiere ver que ese emprendedor ha renunciado a un buen trabajo, ha invertido horas y una parte considerable de sus ahorros en dicho proyecto.

Por otra parte, los inversores son conscientes de que la teoría está muy bien y  que con grandes hipótesis se pueden levantar imperios de papel, pero necesitan una muestra de que aquella idea funciona a pequeña escala. Necesitan ver una versión beta operativa y,  aunque sean pocos, algunos usuarios o clientes que demuestren que esa bonita idea puede estar satisfaciendo una necesidad real. A partir de ese momento, se sentirán cómodos e invertirán para escalar el negocio. Antes, no.

Pero con la implicación no acaba el problema: está el tema de la dichosa valoración. “Señor inversor, quiero un millón de euros pero a cambio le daré como mucho un 10 % de la empresa”.  Muchos emprendedores wannabe se centran demasiado en lo que pasa en Estados Unidos, donde encontramos casos como el del famoso Instagram: su fundador obtuvo inicialmente 500.000 $ de dos inversores a cambio del 20 % de la empresa, es decir, valoró la idea en 2 millones de dólares.

De entrada, uno se queda con el titular, pero no lee la letra pequeña, y es que en Estados Unidos, detrás de estos, a priori, buenos tratos, los inversores suelen aplicar dos cláusulas bastante duras. La primera es el stock vesting que implica que las acciones que tienes como emprendedor se te irán otorgando a medida que pasen los años (si abandonas la gestión, te quedas con una pequeña parte, o sin nada). La segunda y más temida es la liquidation preference: yo como inversor pongo 500.000 $ y tengo un 20 % de la empresa, pero en caso de venta de la compañía, tengo derecho a cobrar los dos primeros millones de dólares que se ofrezcan. ¿Qué conlleva esto? Si la empresa se vende por debajo de esta cantidad, solo cobrará el inversor y el emprendedor se quedará sin el llamado pelotazo. Si se vende por encima de 10 millones, se reparte de forma proporcional.

En España, y a veces en Europa, los inversores iniciales no suelen incluir cláusulas de este tipo, por lo que, para protegerse, exigen valoraciones pre-money menores.

La realidad es que los inversores, business angels o fondos de capital riesgo tienen sentido común y, dentro del riesgo que conlleva su actividad, intentan  reducirlo el máximo. Este deseo racional de querer minimizar el riesgo es lo que convierte esas historias que se cuentan en verdaderas leyendas urbanas.

¿Hay casos en los que el emprendedor ha levantado dinero con un power point? Sí, por supuesto, pero seguramente tendrá un track-record espectacular, es decir, previamente ha emprendido y ha tenido un éxito que actúa como “garantía” de cara al futuro proyecto.

Sin embargo, lo normal en España son ejemplos como el de ChicPlace, una plataforma de e-commerce que agrega tiendas con encanto de las principales ciudades europeas. El proyecto empezó con 100.000 € aportados por el equipo emprendedor. Después de varios meses de trabajo,  de haber cerrado acuerdos con varias tiendas de París, Barcelona y Madrid, y de haber tenido las primeras ventas (tracción) a través de su plataforma web, la empresa consiguió una inversión de 500.000 € a una valoración pre-money de 1,2 millones de euros.

En resumen, obtener duros a cuatro pesetas es complicado. Al principio hay que dejarse la piel. Y ¿cómo conseguir el dinero para empezar en caso de que no se tenga? Pues haciendo lo que se ha hecho toda la vida, pero ahora con un nombre más cool: Family, Friends and Fools, es decir, pedir dinero al entorno más íntimo (e inexperto). Hay cosas que no cambian.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Emprendedores, Negocio, Startup

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s