Menos masters y más trabajar


Artículo (versión extendida) publicado en el suplemento “Empresas y Emprendedores” de La Vanguardia (14.03.2012)

Marzo de 2012: las previsiones de paro no son nada halagüeñas. Se especula con que a finales de año habrá 600.000 nuevos parados como consecuencia de la destrucción constante de empleos en ciertos sectores. Uno de los colectivos más afectados seguirá siendo el constituido por los jóvenes, licenciados inclusive, lo que provocará que la sangría migratoria de “cerebros” continúe como hasta ahora. Pero, realmente ¿tan negro pinta el asunto para aquellos jóvenes que están mínimamente formados? Como integrante de este colectivo, mi respuesta es un sí, en parte sí, pero no tanto como muchos se empeñan en hacernos ver.

El triunfo de la versatilidad (Napoleón)

Hay un problema llamado exceso de formación, a mi modo de ver contraproducente, dado que estudiar una carrera y dos masters sin apenas haber trabajado te desconectan más de la realidad que no otra cosa. Hay otro que tiene que ver con el hecho que la gente escoja carreras cuya hornada de licenciados ya se sabe de antemano que el mercado no podrá absorber. Pero a pesar de que estos son dos grandes problemas a solventar, para mi hay otro tanto o más importante que se llama falta de actitud y versatilidad.

En la actualidad hay industrias o sectores creadores netos de empleo (que crean más empleo del que destruyen) los cuales, aunque parezca una aberración, padecen actualmente un déficit de profesionales. Sí, hay sectores donde la demanda es mayor que la oferta. Y pues, ¿por qué no se produce un equilibrio? ¿No estamos, a priori, en una economía de mercado, capitalista? ¿Por qué la mano invisible de Adam Smith no lo soluciona?

La presencia de barreras hace que el mercado no sea perfecto e impide un reequilibrio instantáneo que permitiría mitigar el paro entre los jóvenes formados. ¿De qué barreras estamos hablando?

La primera barrera es la formación que se requiere para poder entrar en alguno de estos sectores que están en auge, como por ejemplo, el biotecnológico. Para aportar valor, se requieren unos años de formación. Aquí lo único que se puede hacer es aconsejar y orientar hacia ese sector a los que empiezan a estudiar.

En cambio, no sucede lo mismo con la segunda barrera que encontramos, que es más de tipo mental y es especialmente fuerte en España. Desde pequeños se fomenta la antiversatilidad, el dedicarse toda la vida a lo mismo, el ampliar conocimientos en una sola dirección. Quizá la causa inicial la encontramos en las carreras universitarias monotemáticas de 4 hasta 6 años, algo que no pasa en países como Alemania. Causas aparte, esta actitud provoca que muchos jóvenes con talento y que han recibido una amplia formación estén al paro o reciban salarios irrisorios, todo por la “tozudez”, perfectamente legítima cabe decir, de dedicarse a aquello que han estudiado. Una carrera universitaria debería tratarse como un coste hundido, y como tal no debería afectar al proceso de decisión que uno hace.

Hoy en día hay sectores como el digital o online que ofrecen grandes oportunidades laborales en todos sus ámbitos y que tienen unas barreras muy pequeñas a nivel de formación. Por ejemplo, Alejandro Martínez es un joven de Barcelona que había estudiado traducción e interpretación y que, no contento con el funcionamiento de su sector, decidió convertirse en un especialista en posicionamiento web (SEO). En aras de formarse rápidamente rodeándose de verdaderos especialistas, no dudó en pasar a cobrar la mitad de lo que podía obtener como traductor. Hambre hoy, pan mañana. Al cabo de 6 meses ya se había convertido en un especialista y podía renegociar sus condiciones. Un año después, su empleabilidad es altísima y le permite escoger donde trabajar. Como él, hay muchos otros, aunque no es una actitud que abunde.

Napoleón decía que la clave no está en predefinirlo todo, sino en ser capaz de adaptarse rápidamente a situaciones cambiantes. Esta actitud fue la que le permitió ganar batallas como lo de Austerlitz, en la que inesperadamente salió niebla y la Tercera Coalición no supo reaccionar. Los chinos representan este modelo y, entre otras cosas, su versatilidad es la que les ha permitido crecer como han crecido.

En España hay oportunidades, pero a veces hace falta hacer un paso atrás para dar tres hacia adelante. ¿Porqué tantos jóvenes prefieren devaluarse yendo hacia Alemania u otros países para terminar trabajando de camareros por 4€ la hora en vez de ofrecerse para trabajar gratuitamente en una startup digital? Lo que podrían aprender en 6 meses les abriría las puertas a obtener un buen trabajo en el futuro, ya sea en la propia empresa, en otro lugar o emprendiendo. El sector digital está en auge y faltan buenos profesionales. Y por el precio de un máster, mejor llegar a un pacto con una empresa para recibir formación gratuita, mientras obviamente se aporta algo de valor a esa empresa. Estoy seguro que esto saldría más barato que formación extra e incrementaría la empleabilidad de quien lo hiciera.

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