Google: renovarse o morir


A principios de la semana pasada, el New York Times añadió más presión a Google mediante la publicación de un excelentísimo artículo de investigación (realizado por periodistas de verdad y no agregadores de notas de prensa) en el que queda patente lo que la mayoría llevamos comentado desde hace tiempo: el algoritmo de Google ha quedado obsoleto.

Los resultados orgánicos del más famoso de los buscadores ya no vuelcan aquello que puede ser de mayor interés o relevancia para los usuarios.  Estos resultados que tan importantes se han convertido para todos responden a grandes inversiones que las empresas están haciendo a nivel de SEO. Quien más tiene, mejores rankings consigue.

La frontera entre el SEO y el SEM se está diluyendo.

Antes estaba todo muy claro. Si tu web era adecuada para la búsqueda de una palabra clave, conseguías buenos resultados a nivel de SEO. Si no tenías buenos resultados orgánicos, podías invertir en SEM, es decir, pagar a Sr.Google y conseguir visibilidad mediante un enlace patrocinado (Google Adwords). Para los millones de usuarios, que al final son los que han convertido Google en lo que es, los resultados estaban claros: uno sabía que en el centro de la pantalla encontraba aquellas webs que seguramente podían responder a su necesidad (informativa o comercial), mientras que a la derecha encontraba una serie de enlaces que, siendo relevantes o no, habían sido comprados por empresas a tanto el clic.

El algoritmo de Google rompía con el marketing convencional y daba visibilidad a empresas que quizás tenían un buen producto pero  que no disponían del dinero suficiente para invertir en marketing. El usuario sabía que en Google podía encontrar resultados “limpios”, donde las grandes empresas tenían nula capacidad de influir. Sólo podían pagar para aparecer al lado, pero eso era todo. Google ponía a la misma línea de salida a una start-up y a una multinacional. Aunque ahora no nos demos cuenta, esto suponía una verdadera revolución.

Pero rápidamente se acabó el chollo. Nacieron los expertos en SEO que empezaron a intuir cómo funcionaba el algoritmo de Google e identificaron qué era clave para aparecer en las primeras posiciones, aquellas que se llevan más del 80% de los clics y que pueden marcar el devenir de una compañía. Identificaron cuál debía ser la densidad de la palabra clave incluso vinculándolo al tamaño del texto, identificaron cómo se debía estructurar la URL, etc. etc. pero sobretodo, vieron que los resultados eran muy sensibles a un tema: la Link Popularity. Todos vieron que el número de links que apuntan a una página web tenía muchísima relevancia a la hora de ordenar las distintas webs que podrían ser adecuadas dada una búsqueda concreta.

¿Por qué los back links tienen tanto peso?

El algoritmo de Google tenía su sentido. No estaba mal pensado. Si hay muchas webs, blogs o foros que apuntan a una página web, esto significa que la “comunidad” considera esa página web importante. Si además un link proviene de una web con “prestigio”, como puede ser la de un periódico, organización sin ánimo de lucro o universidad, este back link todavía es más importante, pues se supone que una web de ese tipo no se dejará sobornar.

¿Cuál es el problema?

Esta parte del algoritmo ha provocado un gran mercado de compraventa de links. La red está llena de editores que intentan posicionar su página web como importante (se puede comprobar mediante el Page Rank) y vender links a empresas que quieren tener buenas posiciones en los resultados naturales. Nacieron “granjas” de editores en Rusia y China que eran capaces de vender 10.000 back links en un día a una empresa y conseguir que su página web alcanzara la posición número 1 en el buscador. La gente empezó a comercializar con links en eBay. Algunos periódicos online empezaron a  vender links también. Pero Google reaccionó e introdujo ciertas correcciones en el algoritmo para prevenir que se pudieran falsear los resultados con links comprados. Sin embargo, tal y como se demuestra en el artículo mencionado al principio, estas medidas no fueron suficientes. Hoy en día muchas empresas siguen mintiendo y los resultados continúan estando adulterados.

El algoritmo de Google es ideal en un mundo en que nadie hace trampas, pero se ha quedado obsoleto en el mundo real en que vivimos. Los primeros resultados que alguien ve para palabras importantes como pueden ser “comprar casa” o “subastas” han sido parcialmente adulterados por expertos en SEO y probablemente mediante la compra o el intercambio indirecto de links. ¿Qué puede hacer Google? Nada. Obviamente tiene algunos mecanismos para evitar que las empresas hagan trampas, pero es tal el volumen de cosas que pasan en la red cada día que es imposible controlarlo todo. Resultado: las empresas están invirtiendo más y más en el que para muchas es su principal canal de ventas. Tienen que invertir de un modo u otro porque sus competidores lo están haciendo también, ¡si no lo hacen serán invisibles!

Lo que esto ha acabado provocando es que el usuario, aquél que confiaba en Google para encontrar una respuesta a sus necesidades, no encuentra lo que quiere y tiene que añadir filtros y más filtros (que Google facilita) para encontrar lo que busca.

La red está literalmente llena de “mierda”. Hay blogs y más blogs que no paran de producir contenido para, de algún modo u otro, conseguir mejores resultados en Google o comerciar con links. Y al final, es el usuario el que tiene que remover toda esta mierda que está creciendo a un ritmo exponencial para encontrar aquello que quiere. Aunque el usuario se está volviendo cada vez más ingenioso, no puede lidiar con ello y muchas veces termina por aburrirse o desesperarse en ciertas búsquedas.

Estoy seguro que Google está trabajando en ello, pero la renovación del algoritmo empieza a ser necesaria y urgente para casi todos (obviamente los que viven de vender links o los que tienen mucho dinero para comprarlos ya lo tienen bien así). Google debe reinventarse o tarde o temprano va a salir alguien que ofrecerá un sistema de búsquedas en el que no será posible mentir y que los usuarios no dudaran en utilizar. Google tiene el monopolio ahora. Si hace las cosas bien, va a mantenerlo. Pero debe renovarse. Yahoo y Bing seguramente no están en situación de arrebatarle el liderato, sobre todo teniendo en cuenta que el buscador de Microsoft está tan falto de ideas que decidió vincular sus resultados a los de Google. Pero Facebook o Twitter podrían convertirse en alternativas a medio plazo. O quizás sale algún jugador nuevo con un método revolucionario como en su día lo hizo Google.

Google tiene la sartén por el mango, pero debe renovarse o morirá (de éxito).

 

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