El buen marketing australiano


Australia es uno de esos países deseados. Todo el mundo quiere ir a Australia, desde mochileros europeos que no tienen un duro hasta ricos turistas japoneses, pasando por estudiantes de inglés o de MBA de cualquier parte del mundo. Australia encabeza, a menudo, el ranking mental de los sitios a los que uno debe ir antes de morir (de manera conjunta con otros lugares, por supuesto). Sin embargo, la distancia y el elevado precio de los billetes hacen que sean muchos los que desestimen un año tras otro la visita a Down Under. Pero también son muchos otros los que tarde o temprano lo consiguen, se dejan lo que vale el billete y consumen todos los días de vacaciones del año en ese soñado viaje a Australia. Incluso hay quienes juntan las vacaciones de un año con el otro, o simplemente piden una excedencia, para visitar ese pequeño continente. Sacrificio económico y de tiempo, pero debe valer la pena, ¿no?

Hay poco más, esto es casi toda la ciudad

Mi respuesta es “depende”. Como diría un economista, hace falta analizar cuál es el coste de oportunidad, es decir, a qué se está renunciando (en términos turísticos) para visitar Australia. Llevándolo a lo práctico se trataría de analizar dónde puedo ir con el mismo dinero y tiempo, y que satisfacción voy a obtener, lo cual es algo muy personal.

Como turista, Australia ofrece muchas posibilidades: ciudades cosmopolitas, parques naturales, playa, naturaleza, etc. Sin embargo, debe saberse de antemano que el turismo en este país presenta un denominador común, y es que uno puede empaparse de ver y tomar instantáneas de sitios magníficos, pero va a tener que recorrer kilómetros y kilómetros para cada una de estas fotos. Y cuando este en un sitio para tomar la dichosa fotografía, poca cosa más va a poder hacer. Ver la Ayers Rock implica un vuelo de casi 3 horas desde Sydney a unos precios bastante prohibitivos (perfectamente  500€ ida/vuelta). Una vez allí, se puede observar la roca, que es impresionante, sí, pero poca cosa más. De vuelta a Sydney, a pesar de ser una ciudad con más de 4 millones de habitantes, lo que puede ser visitado se hace en menos de dos días. El resto no vale la pena: sólo hay urbanizaciones y más urbanizaciones y centros comerciales. Ídem para Melbourne y sobre todo para Perth y Brisbane. Volviendo a las bellezas naturales, la costa oeste tiene la famosa Gran Barrera de Coral. Uno puede parar en Cairns y bucear por la zona, pero se acabó. El resto sólo son atracciones turísticas.  Visitar algo que valga la pena por la zona implicará muchas horas de carretera o volver a coger un avión. Y así sucesivamente para ver cada una de estas maravillas australianas que en cualquier agencia de viajes le enseñaran.

Australia no es un país cómodo para visitar, pero el sector turístico del principal país oceánico ha sabido destacar muy bien otras cualidades y conseguir un muy buen posicionamiento alrededor del mundo. Que si es un lugar remoto, que más lejos no se puede ir, que sí es un país que combina la modernidad de sus ciudades con una naturaleza espectacular, que si es una de las mejores opciones para ir a estudiar, que si es uno de los mejores sitios para practicar surf, etc. etc.

Personalmente, creo que países como España, Francia o Italia ofrecen mucho más a pesar de tener un tamaño que no tiene nada que ver con el gigante australiano. Las ciudades de cualquier de estos tres países tienen historia, hay diferencias regionales, la naturaleza es muy variada (sólo hace falta recorrerse España o Italia de norte a sur para comprobarlo), hay una gastronomía riquísima, y un largo etcétera. Pero sobretodo, son países cómodos de visitar. En una hora uno puede pasar de estar bañándose en la impresionante Costa Brava a disfrutar del las montañas del Pirineo Catalán, habiendo parado por el camino en un pueblo medieval como Peratallada. Esto es algo único, y Australia no lo tiene. Como decía al principio, estos señores se saben vender muy bien. Han sabido destacar las cosas buenas que tiene el país y posicionarse de manera adecuada para cada target al que se dirigen.

Merece especial atención el buen trabajo que ha hecho el país con la captación de estudiantes internacionales. Para empezar, Australia es uno de los destinos favoritos para ir a aprender inglés. No obstante, lo que no saben la mayoría de jóvenes que van allí con la intención de hospedarse en una familia y aprender inglés es que esta  lengua que no se usa en muchas familias. Hay un 20% de la población que habla otras lenguas en casa, pero sobretodo hay otro porcentaje muy elevado que sí que lo habla, pero muy mal. No hay que olvidar que Australia es un país de inmigrantes, y los que han venido durante los últimos años no proceden justamente de zonas de habla inglesa. Por otra parte, hay los estudiantes de carreras, másteres o MBA’s. Tal ha sido el éxito del país en esta materia que no es raro encontrar clases donde no haya un australiano.  Todo son estudiantes internacionales que han pagado un dineral para a estudiar a Australia. ¿Es realmente tan buena la oferta educativa? En algunos casos seguramente sí, pero me decantaría por pensar que el marketing ha jugado y continúa jugando un papel muy importante.

Paisaje típico de gran parte del país

Australia es un gran país, pero conviene saber de antemano sus pros y contras, y consecuentemente analizar bien si vale la pena ir allí dadas las restricciones de tiempo o económicas que uno tiene. Hay miles de sitios que visitar en el mundo, y probablemente ninguno de nosotros va a tener la posibilidad de visitarlos todos, por lo que conviene ser selectivo, pararse a pensar que espera uno de un viaje o estancia larga,  y no dejarse alumbrar por el buen marketing turístico que puede hacer una región. Sólo a modo de ejemplo, dada la (prácticamente) misma distancia desde Europa o América, las opciones que ofrece Nueva Zelanda son personalmente muy superiores a las que ofrece su vecino. Pero a pesar de la revolución y ayuda turística que supuso el “Señor de los Anillos”, los kiwis no saben venderse tan bien como los australianos, y consecuentemente la gente prioriza el gigante australiano antes que ellos. Es el resultado de no haber trabajado más su posicionamiento.

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1 comentario

Archivado bajo Marketing, Turismo

Una respuesta a “El buen marketing australiano

  1. Lo cómico es que los australianos se mueren por venir a Europa, EEUU o Canadá.

    Sin embargo, si que podríamos aprender de ellos eso de saber promocionarse. Aquí en España se lo ponemos difícil (con papeleos interminables y requisitos absurdos – por no decir incompatibles con casi todo el primer mundo y Latinoamérica) a casi cualquiera que desee venir a estudiar en nuestras universidades. Existe en todo nuestro sistema una inclinación ridícula por la sobre-regularización (no para proteger la calidad, sino más bien para recaudar allí donde se pueda), que hace de cualquier gestión un suplicio.

    Tenemos muchas cosas auténticas, históricas y artísticas que ofrecer, pero seguimos ofreciendo el peor servicio al cliente (en restaurantes, cafeterías, hoteles, etc) que haya visto yo en mi vida en ningún sitio. De hecho, mucha gente se va encantada de lo que ha visto, a la vez que asqueada con la forma en que se les habla y trata. Ahí podríamos aprender de los americanos.

    En fin….la educación de nuevo…

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